Cuando aún no había nada, las noches eran muy frías, largas y tenían cielos salpicados de estrellas brillantes que les indicaban los caminos a seguir, a los pocos valientes que se aventuraban a ir más allá de los claros del bosque cercano.



Al principio de los tiempos, en la aldea, todos vivían juntos para conservar el calor y no dejar que el frío y los lobos pudieran atacarles. 
Solo unos pocos elegidos salían al bosque a buscar sustento en el duro invierno, ya no quedaban bayas, setas, frutos ni raíces que comer... y salían a buscar animales que hubiesen caído en las trampas....

No la vieron, fueron los perros quienes la encontraron. No lloró, no hizo ruido. No sabían cómo había llegado hasta allí.

Era solo un bebé cuando la encontraron, a los pies de un fresno. Envuelta en viejos ropajes de alta alcurnia, de piel blanca mortecina que hacía que sus rosados labios diminutos y sus encarnadas mejillas resaltaran de una forma espectacular...

Durante años fue una niña callada. Siempre con su tez nívea, sus ojos grises, sus labios rojos... creció absorbiendo todo conocimiento cercano, indagando motivos, razones, sin dejar lugar para la casualidad. Investigaba, experimentaba y se aventuraba cuando nadie la veía en la oscuridad del bosque.

Lloraba amargamente en silencio cuando los lobos desaparecían unos días.

Bajo el manto de estrellas que la tapaba por las noches, pasaba horas estudiando mapas que ella misma dibujaba sobre pieles secas que ya no servían para ropajes para seguir explorando el cielo de día.

La fiesta de los jóvenes era la celebración anual de la cosecha, donde se hacia la transición de la infancia a la edad adulta, todos la vieron bailar, todos la escucharon reír... Aquel año era su transición, ya podría salir oficialmente al bosque con los demás.

En plena fiesta, cuando todos bailaban alrededor de la hoguera.... un sonido atroz y espeluznante cruzó el firmamento, erizó la piel de todos y cuantos estaban bailando, se hizo el silencio, nadie volvió a cantar, y cuando el haz de fuego que iluminó el cielo se disipó...


Ocurrió algo. Saltó la voz de alarma. Los lobos comenzaron a aullar desconsoladamente. En el cielo estrellado acababa de aparecer algo extraño, indescriptible... una gran bola blanca brillante estaba sobre sus cabezas. Los lobos, inmóviles cantaban sin cesar....

Todos miraban al cielo. Nadie se fijó en que ya no estaba.

Y Selena, nunca volvió.  

A.W.

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