Cuando aún no había nada, las noches eran muy frías, largas y tenían cielos salpicados de estrellas brillantes que les indicaban los caminos a seguir, a los pocos valientes que se aventuraban a ir más allá de los claros del bosque cercano. Al principio de los tiempos, en la aldea, todos vivían juntos para conservar el calor y no dejar que el frío y los lobos pudieran atacarles. Solo unos pocos elegidos salían al bosque a buscar sustento en el duro invierno, ya no quedaban bayas, setas, frutos ni raíces que comer... y salían a buscar animales que hubiesen caído en las trampas.... No la vieron, fueron los perros quienes la encontraron. No lloró, no hizo ruido. No sabían cómo había llegado hasta allí. Era solo un bebé cuando la encontraron, a los pies de un fresno. Envuelta en viejos ropajes de alta alcurnia, de piel blanca mortecina que hacía que sus rosados labios diminutos y sus encarnadas mejillas resaltaran de una forma espectacular... Durante...